Y además es cierto.
Las cosas siguen igual, a veces llueve, a veces hace sol, y otras veces ni lo sé porque cambia mientras duermo...
Te puedo contar, como de hecho hago, que lo que ha cambiado es el olor de la calle, el olor de mi casa, el olor del mundo, no sé si es mejor o peor, pero desde luego es distinto.
Han pasado exactamente dieciocho noches desde que no te veo caminar por aquí, entre los naranjos.
Han pasado exactamente diecinueve tardes desde que no noto tu mirada crujir al chocarse con la mía, diecinueve tardes que no sé a qué sabe tu saliva.
Hace más de un millón de segundos que dejé de echarte de menos, que dejé de castigarme por haberte dejado ir por entre los naranjos, en busca de otra piel que acariciar.
No sé cuántos minutos hará ya que me planteo ir a verte y arrancarte de la boca mis ganas, para convencerme de que los naranjos siguen en flor.
¿Valor?
¿Tendría?
¿Podría?
¿Debería?
Hace ya mucho tiempo, concretamente 10.000.000.0000 astillas de segundo, que te paseas por mi cabeza con tu libro en el bolsillo, con tus botas negras y tu mirada estrellada.
...Pero tendré muchísimas más astillas de segundo para que te marches de ella.
¿Y tú? ¿Hace cuánto que no piensas en los nenúfares?
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