jueves, 29 de diciembre de 2011

Oh, eres tú, otra vez.


¡Vaya, cuantísimo tiempo sin verte! No sabía si pensar que estabas muerta o pensar que simplemente ya no te acordabas de mi, o al menos eso intentabas.
Veo que te va bien, ya no usas esas faldas interminablemente largas de gasa ni esas camisetas lisas sin escote, es más, veo que te has aumentado el pecho y has perdido esa enorme papada que se te hacía cuando te tumbabas.
Por lo demás sigues igual, te sigues pintando exageradamente, aunque seguramente ya no tengas a alguien que te repita diariamente lo guapa que estás sin maquillar, despeinada y en ropa interior.
Te has cambiado el pelo de color, has dejado atrás tu pelo negro ondulado, incluso has abandonado ese fogoso y llamativo rojo con el que te conocí. He de decir que tu corte francés en rubio no me resulta atractivo en absoluto, es más, lo he odiado en cuanto te he reconocido tras ese deshilachado flequillo blanquecino.
Por el contrario he contenido una sonrisa de bobo que casi se me escapa cuando he vislumbrado tras tanto tiempo tus dos lunares del cuello, ellos siguen siendo iguales, siguen siendo las pequitas de chocolate que adoraba besar... ¡Ay, ¿quién sabe si ellos aún recuerdan quién fue tu primer Jhonny Cash?!
Sigues usando esos tacones de vértigo y esas ligas blancas que me sacan de quicio, por suerte no llevas esa horrible falda de colegiala ni ese maldito corsé negro de la cremallera rota.
He estado espiándote los sueños y preferiría no haberlo hecho, jamás, es más, maldigo haberlo hecho y que ahora estés aquí de nuevo, mirándome a través de esos ojos marrones de mirada felina, con los parpados encharcados en sombra de ojos azul y plateada.
Quería saber el por qué de tu huida repentina de mi cama, el por qué quemaste en mi cara la partitura de "September" y por qué te llevaste tu ropa interior y tu cepillo de dientes, fue por eso por lo que te espíe en sueños, para saber con quién soñabas, o de quién eran las sábanas donde lo hacías.
Todos los "te amo" y las comparaciones que me hacías con pasteles ya no eran míos, ya no olían a mi ni tenían el tacto que tenían cuando yo los acaricié. Ya no soy tus aficiones, ya no soy tu "Por qué", ya no soy tu deporte favorito, ya no soy nada, ni siquiera tu Jhonny Cash.
Estamos a octubre, hace ya casi un año, aun no es septiembre, pero aun así muchas veces la calle huele a ti, ha llovido en mi ventana todos los días desde que te fuiste, y yo no siento rabia, ni te echo de menos, simplemente intento hacerme a tu ausencia.
He adelgazado, ya lo sé, no he llorado ni he sufrido, tampoco he dormido.
¡No, joder! No me sonrías, no me sonrías como si tú me hubieras echado de menos, sé que no lo has hecho, te he espiado en sueños, en tus sueños todos los hombres son Jhonny Cash y siempre es septiembre.
Voy a arrancarte esa sonrisa de cuajo, como arranqué en su día la hoja del calendario que tenía dibujado un septiembre con todos los días rodeados por corazones hechos con tu pintalabios, ese con el que te has pintado hoy para sonreírme, para irrumpir en mi conciencia, vete de aquí, maldita sea, vete de aquí y nunca jamás vuelvas a llamar a esta puerta.
No vuelvas a llamarme mirando a otro hombre, no vuelvas a tararearle "September" al oido a otro Jhonny Cash que no soy yo mientras te besa los lunares del cuello, maldita sea...

Mañana empieza septiembre, y tú aún estás aquí, hasta esos malditos de Green Day quieren que se acabe este asqueroso mes.

Menos mal que ya escucho tus tacones alejarse por la escalera abajo, ahora me siento más Johnny Cash que nunca, aunque no sea el tuyo, voy a sacar esa vieja guitarra, aunque antes querría arrancar la hoja de Septiembre de mi calendario y sobre todo, quitarme esta asquerosa mancha carmín que has dejado sobre mis labios.





Margh.

No hay comentarios:

Publicar un comentario